Mi tauromagia, “El toreo y su técnica IV”

MI TAUROMAGIA.

EL TOREO Y SU TECNICA. IV LOS PRICIPIOS FUNDAMENTALES.

Torear es salir a poder con el toro, a luchar con el toro, a dominar al toro. Y después lo que ustedes quieran, palabras de CORROCHANO. Ese “después”, indica muy claramente, que lo primero es poder con el toro. Primero la técnica, el oficio. Después la elegancia, la armonía, en definitiva “la estética y las buenas formas”. Pero repito, primero el conocimiento de las reses, de las suertes, y de los terrenos, es decir todo ese compendio de conocimientos que constituyen la técnica taurina.

De todos modos es cierto que el punto de vista más usual y común de los que asisten a una corrida de toros, es el estético. ¿Por qué es esto así?. Precisamente porque es mucho más fácil calibrar la belleza de un pase o de una faena entera, que su merito estrictamente técnico. Para lo primero basta con tener buen gusto; para lo segundo hay que conocer a fondo el toreo. De ahí que sea mas fácil hablar “del tarrito de la esencia”, del “aroma del parque de Maria Luisa”, o de la “seriedad castellana”, que de la querencia del toro, de sus dificultades, y de la calidad pura de la faena.

Así pues es el CONOCIMIENTO EL QUE CREA LAS DOS COLUMNAS DEL TOREO, LA SEGURIDAD Y LA REGULARIDAD.

En definitiva, creo que debemos estar mas cerca del concepto taurino de Domingo Ortega, “lo más difícil es pensar delante de la cara del toro”, que del de los toreros sin oficio y sin técnica capaz de darle a un toro de carril una docena de pases, estéticos, pero sin fundamento.

Por otra parte ¿quién ha dicho que la técnica y el oficio, tiene que excluir otros valores importantes como la inspiración, la personalidad, el sentimiento o la estética?. La Tauromaquia no tiene que excluir la Tauromagia.

Mientras torea un torero no sabe que va a ocurrir un segundo mas tarde. Su actitud debe de ser empírica. Lo único que pretende es dominar al toro y crear belleza. Es simplemente, un técnico y un esteta, rara avis en la fauna celtiberica, insólito espécimen de una raza que necesita todavía de extraños ritos sangrientos a eso de las cinco de la tarde. El torero sabe, o debe saber, que no son las intenciones sino los resultados lo que cuenta. En esos momentos, el torero es, si se me apura, algo mas de lo dicho; es un sacerdote que debe ofrecer a los espectadores dos placeres, en este caso totalmente complementarios, BELLEZA Y EMOCION.

Ese y no otro, es el solemne ritual de los hombres vestidos de seda y oro.

Isidoro Rábanos González
El Burladero Radio 21- Onda Alberche