Manolete, por Gonzalo Ramos Aranda

MANOLETE

“Por siempre será el más diestro, inmortal, el gran Maestro.”

Que felices esos tiempos,
centuria mil novecientos,
diecisiete fue buen año,
nació Don Manuel Laureano.

Córdoba, España, su cuna,
preludio de la fortuna,
sangre torera en las venas,
presagio de sus faenas.

Llamáronle Manolete,
mis versos sean ramillete,
pa´l ícono de la lidia,
fiesta brava, sin insidia.

Matador de vocación,
fue cuarta generación
de “Califas” del toreo,
campo bravo, su recreo.

En la finca “Lobatón”,
con ansias de corazón,
los primeros muletazos,
tendiendo al toro sus lazos

Espigado, ágil esteta,
aunque flaco, gran atleta,
fue sembrando su semilla,
alternativa en Sevilla.

Después de todas sus tientas,
confirmación en Las Ventas,
muy taurina evolución,
su estilo, revolución.

Por influjo de su mente,
el toreaba muy de frente,
citando bien de perfil,
quijotesco cual alfil.

Con poder de la muleta,
con tener la tela quieta,
fue labrando, fiel, el arte,
lo que, hoy, se llama torearte.

El que suma nunca resta,
fue el más mandón de la fiesta,
nos brindó su calidad,
su clase y temeridad.

Diestro, vertical, formal,
elegante, fantasmal,
en la plaza de Linares,
llanto, tristeza, pesares.

Año del cuarenta y siete,
queda su vida al garete,
aquel veintiocho de agosto,
el Maestro paga el costo.

Las “angustias” de su madre,
entrando a matar, al cuadre,
un toro miura, temible,
lo prende fuerte, terrible.

“Islero” mortal cornada,
capote, mortaja, . . . nada,
día siguiente, sin su magia,
huérfana la tauromaquia.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
Ciudad de México, a 29 de agosto del 2017 Dedicado a Don Francisco Tavira Coba, erudito y gran promotor del arte del toreo . . .
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