Los Lobos, Circos y Toros

Lobos, perros, mascotas, animales salvajes, toros bravos, caballos y animales de circo.

Los cazadores recolectores europeos, según investigaciones genéticas, fueron los primeros en domesticar a los lobos, hace más de 18.000 años. Y así inventamos el perro. Una creación del hombre para satisfacer, primero sus necesidades y luego sus caprichos. En esta larga manipulación genética, durante milenios los hicimos útiles para la caza y más tarde para labores como el cuidado de rebaños o la protección de espacios. Pero el 80% de las razas que hoy conocemos no existía hace 150 años. 

Al ser un animal capaz de mutar muy rápidamente en pocas generaciones, del único gran carnívoro que los humanos hemos domesticado, en este breve tiempo hemos conseguido diseñar hasta 400 razas. Razas para correr, para pelear, para detectar explosivos o activarlos –y volarlos en pedazos bajo los carros de combate–, perros policía, para perseguir a negros y judíos, o, finalmente, perros de todos los colores y tamaños que sirven hoy a los humanos como mascotas de compañía.

Desde la época victoriana y la revolución industrial, a las clases acomodadas –las que tenían y tienen más tiempo libre– les dio así por diseñar nuevas razas de perros. Un entretenimiento que les servía y sirve para presumir y reafirmar su estatus, o porque les produce algún placer.

En este proceso de desnaturalización de un animal salvaje, el último gran hallazgo del ser humano ha sido conseguir perros bonitos –y no tanto– que se sientan, giran y dan la patita. Tenemos así a millones de pseudolobos cuyos instintos primitivos esperamos no se despierten –daría para una película de terror–, encerrados en casas, pisos, apartamentos y protectoras de animales. Salvo los que viven en el campo en fincas o se dedican a la caza, y los que abandonan al borde las carreteras (cientos de miles), los suelen encerrar en espacios más reducidos que grandes, pasear o transportar, a pie, en bus, coche, tren, barco o aviones, convenientemente enjaulados, medicados, sedados o atados a sus cadenas. 

Aunque hay quien prefiere los perros menos humanizados que estas creaciones o las del cine rosa, y guste más de los animales que conservan sus instintos, todo ello debe estar muy bien porque complace a decenas de millones de personas y a una próspera industria animal, mediática, alimentaria, veterinaria, de seguros y fitosanitaria. 

Tras este breve repaso a la genealogía de los cánidos, el origen de sus razas y la influencia del hombre en su vida y desarrollo, cabe preguntarse por la obstinación de los antitaurinos y animalistas en afirmar que el toro bravo no es una raza. Y también si este es uno de sus argumentos fundamentales para combatir la Tauromaquia. Porque está claro que todas las razas bovinas pertenecen a una misma especie. También las caninas. Aunque a diferencia de lo que el hombre ha echo con estas, el ganadero de bravo, en su selección, lo que ha conseguido es cribar caracteres para mantener y recuperar unos instintos agresivos y salvajes que son propios a su especie desde sus orígenes. Otros ganaderos, con otros criterios y fines productivos, amansaron estos instintos y han formateado la especie creando razas específicas mundialmente reconocidas. Para que la gente –después de sacrificarlos, claro– se los coma y se vista, o para que se beban la leche de sus hembras. 

Los que afirman que la naturaleza del toro bravo es afable, pacífica y pastueña de por sí, deben pensar también que el lobo es un animal de compañía, o que los leones, tigres y panteras son como gatitos de angora. Pero aunque se los admire y aprecie, hay que preguntarse si algún incauto dejaría a sus hijos a solas con uno de estos grandes felinos. O con un toro de verdad. Que hagan ellos mismos la prueba con un bravo cuatreño o un tigre de la malasia en vivo y en directo. A ver qué tal. 

Resulta también un tanto hipócrita, habida cuenta de la generalizada manipulación y explotación de las especies en beneficio del hombre, que los animalistas se ensañen con los circos y sus animales. Más curioso aún que, según ellos, todos los veterinarios de Europa, sin cuya intervención sería inimaginable contar con tantos pekineses, labradores, chow-chows, limusinas o gallinas genéticamente modificadas, respalden su empeño en prohibir –y dale con las prohibiciones– la participación de animales salvajes en sus espectáculos. 

Transcribimos literalmente una de las soflamas que publican en sus plataformas algunos animalistas. Y recalcamos lo de algunos, ya que, aunque se la arroguen, es de suponer que no representan la opinión de todos las personas que abogan con seriedad por la defensa y cuidado de los animales. También que entre los veterinarios puede haber diferentes opiniones. Está bastante mal redactada:

“La Federación de Veterinarios de Europa (FVE) solicita la prohibición del uso de animales salvajes en los circos en Europa, solicitando formalmente a “todas las autoridades nacionales y europeas competentes, prohibir el uso de los mamíferos salvajes en los circos itinerantes en toda Europa, ya que hay no es en absoluto posible, que sus necesidades fisiológicas, mentales y sociales se puedan respetar, asumiendo que no hay educación, conservación, investigación o beneficio económico derivado de la utilización de los mamíferos salvajes en los circos itinerantes que justifiquen su uso”

Sobre si ayudará esto o no a salvar a estas especies salvajes de su extinción, cabe ponerlo en seria duda. Cuando animales como los burros y asnos dejaron de ser útiles al transporte, sus poblaciones se redujeron hasta casi desaparecer de la faz de la tierra; si del uso de los caballos para el transporte, la caza y la guerra, no se hubiera pasado a una selección genética para el deporte, el toreo a caballo o el turismo, ¿cuantos quedarían? La lista de casos similares es larga.

En un mundo virtualizado, a nivel de beneficios, y dada la crisis generalizada de las artes escénicas, tanto el circo como el teatro no andan muy boyantes. Y la moción propuesta tampoco parece de gran ayuda.   

A la plataforma InfoCircos, a FAADA, Animanaturalis, ANDA, The Born Free Foundation (UK) y AAP Primadomus, que han rechazado la oferta de D. Fernando Benzo, secretario de Estado de Cultura español,  de proteger legalmente los circos con animales, de manera similar al tipo de protección que ha recibido la tauromaquia, todo esto, o la sostenibilidad de la Raza Autóctona de Lidia y los hábitats o el empleo que defiende, debe importarles un pepino. A coherentes propuestas de regulación, insisten en prohibiciones.

A los animales y a las plantas nadie les pregunta, porque para eso se supone están las ciencias y además, de momento, solo los humanos pueden contestar por ellos.

El día que google invente un animal&vegetal translator, podemos echarnos a temblar. Mientras tanto, y para no confundir opiniones subjetivas con fundamentos, sería oportuna una aclaración más comprometida por parte de sociólogos, antropólogos, ecólogos, biólogos, genetistas, etólogos… y por la de unos veterinarios a los que estas asociaciones ponen en la picota. Y a los peluqueros de canes y medios de comunicación pedirles más rigor. Porque aunque lo ingenuo vende, se aleja demasiado a menudo de la verdad. 

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