Ivan Fandiño, por Gonzalo Ramos Aranda

IVAN FANDIÑO

“Ha muerto el diestro, en la Francia, se fue al cielo . . . su
fragancia.”

Allá, en Orduña, Vizcaya,
en España, temple y talla,
nació un torero valiente,
de los que admira la gente.

Iván Fandiño, llamado,
por la afición, bien amado,
sus corridas destacadas,
testigos fueron las gradas.

Clásico, fiel, efectivo,
único vasco en activo,
orgulloso de su origen,
se encomendaba a la Virgen.

Más, la tragedia en un quite,
¿por qué mi Dios lo permite?,
un infeliz resbalón,
dio al traste con la función.

Cornada apunta al costado,
el espada lastimado,
su arrojo lo puso en pie,
dos, tres pasos, el traspié.

Reina dolor, desconsuelo,
el toro frustró un anhelo,
“Provechito”, Baltasar Ibán,
trunca la vida de Iván.

La fiesta brava, de luto,
el silencio es absoluto,
que vuelen pañuelos blancos,
con los lamentos más francos.

En mano tengo un rosario,
el alma cual relicario,
va mi oración, por Fandiño,
con respeto, con cariño.

La vida es como un estambre,
tiñose el ruedo de sangre,
tal diestro perdió en la Francia,
se fue al cielo su fragancia.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
Ciudad de México, a 17 de junio del 2017
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