Campanas qué agonía, las campanas de Linares, por Isidoro Rábanos

A 21.

CAMPANAS DE LINARES
(En el centenario del nacimiento de Manolete y el setenta aniversario de su muerte).

Campanas.. qué agonía, las campanas de Linares

Y llegó otro de los grandes eslabones que forman la cadena de la historia de la tauromaquia; para entender mejor el toreo que vendrá después de la guerra civil tendremos que hablar de un torero mejicano, Lorenzo Garza, que en su país había impuesto una forma peculiar de torear: lo que se conoció como “el torero en paralelo”. A España se exportaría como “el toreo de perfil”

Manolete, impone, entre otras muchas cosas, el toreo de perfil; en este estilo se cita al toro completamente de perfil, con los pies juntos, y en un ángulo recto a la anticipada línea de embestida del toro. El engaño se mueve de forma paralela al cuerpo del hombre, para que el animal pase casi en línea recta, sin ninguna desviación; a veces para crear más efecto, se abre el compás. Manolete lo hacía porque pensaba que se traía al toro mas cerca.

Manolete arrasa con todo, y reina y manda en solitario.

Realiza las faenas a casi todos los toros estoicamente, de forma exacta, templadamente, ceñidas y ligadas, que remata con unas estocadas, volcándose sin trampa ni cartón. Al citar de perfil y con la mano atrasada, el toro pasa por su cuerpo antes de llegar al engaño, lo que produce escalofríos de pánico y enorme emoción en los tendidos.

Manolete impone la regularidad en el éxito como condición inexcusable, para ser así considerado gran figura, y su amor propio lo lleva a la cúspide del toreo, pero también a la muerte, que habrá de llegarle en Linares un 28 de agosto de 1.947, al entrar a matar un toro de Miura.

Los toros que lidia Manolete tienen entre tres y cuatro años, más tres que cuatro, anovillados, enjutos, escasos de peso y conocimientos, y aparece, quizá, impuesto más por su apoderado que por él, el “afeitado”. Toreaba, como ya hemos visto, con Gallito y Belmonte, muchas corridas de la legendaria ganadería de Miura. Es rigurosamente cierto que él y Pepe Luis se apuntaban todas las corridas de Miura. Pero también es cierto que los miuras de los años cuarenta, con un año y pico menos y cien kilos por debajo de los de ahora, eran más fáciles. Por otra parte, cuando salía un toro difícil todo el mundo aceptaba que se le macheteara sobre las piernas y se le matara.

Manolete que en su infancia se encontró con la oposición de su madre, que nunca quiso que fuese torero, pues hay que recordar que había enviudado de dos coletas -Lagartijo Chico y Manuel Rodríguez, el padre de Manuel-. Manolete empezó “jugando al toro” con sus amigos, era mal estudiante y no todos los días asistía a las clases del colegio, lo que aprovechaba para escaparse de “tapia” con sus colegas.

Su extrema responsabilidad le hizo llegar a la cumbre, pero en aquella España de la postguerra no fue totalmente feliz; amable, generoso e incluso simpático como fue, la sociedad no vio nunca con buenos ojos sus relación con Lupe Sino (posiblemente porque esta había enviudado de un comisario republicano); sea como fuere lo cierto es que fue el gran amor de su vida, de hecho cuando ya pensó en retirarse había decidido irse a vivir con ella a México, donde le habían recibido con los brazos abiertos y allí si era totalmente feliz, tenía amigos entre los republicanos españoles en el exilio, como el propio Indalecio Prieto, artistas como Cantinflas y sobre todo se había ganado el respeto de sus compañeros de profesión y ganaderos y era querido por todo el público; en resumen México le dio lo que España le negaba, la total felicidad.

Y llegó Linares, el público que ya le exigía hasta límites insospechados, le pitó al hacer el paseíllo. Ese día por la mañana le había dicho a Dominguín en el hotel: “me retiro y a quien más daño voy a hacer es a ti, porque vas a heredar todos mis enemigos”. Y salió Islero y rompió todos los sueños y esperanzas de una certera cornada que puso final a la vida de un hombre honesto, limpio, honrado y sobre todo bueno; todo absolutamente todo finalizó, en la media luna de las astas de un toro. D.E.P.

Y se murió de perfil

Isidoro Rábanos González